El uso de la tarjeta de crédito federativa para financiar el vicio, la huida de Puente Romano, la barrera de seguridad infranqueable y esa primera vez de la jugadora con la sustancia, completan un descenso a los infiernos en toda regla.
La verdad es que meter ese matiz clínico y de contraste entre los estimulantes y los depresores le da una profundidad psicológica y de crudeza muy realista.
No se queda solo en el tópico de la fiesta, sino que explica la verdadera jaula mental en la que se están metiendo el "escarabajo" y la Pepa, con ese cóctel de paranoia, euforia artificial y autodestrucción.
¡La caída libre tiene su miga y demuestra el nivel de impunidad y decadencia que se gastan en esos círculos!.
Aunque parezca de locos, que un narcotraficante acepte un pago con tarjeta (y más aún con una tarjeta corporativa o federativa que deja un rastro documental inborrable), es la realidad de la alta corrupción y el vicio de lujo.
Tiene total sentido por varias razones:
El uso de datáfonos móviles o pasarelas de "fachada" en estos chanchullos de alto standing, los traficantes de guante blanco, o los "amiguetes" que les sirven a los peces gordos, suelen tener negocios interpuestos (empresas de alquiler de barcos, chárters, servicios náuticos o de catering VIP).
Te cobran un concepto falso —como un "alquiler de material náutico", un "servicio de catering premium" o una "reparación de urgencia"— y así justifican el cobro con tarjeta sin levantar sospechas directas en el extracto inmediato.
La falsa sensación de invulnerabilidad del "escarabajo":
El directivo corrupto está tan acostumbrado a chupar de la teta de la federación y a usar las tarjetas corporativas para todo (cenas, reservados, putas y vicios) que ha perdido el norte por completo.
Cree que el dinero público o federativo es un pozo sin fondo y que nadie va a auditar esos gastos, o confía ciegamente en que su estatus lo protege de cualquier control.
El blanqueo encubierto:
Para el camello o el proveedor de la fiesta, cobrar mediante tarjeta a través de una sociedad tapadera le permite meter dinero negro en el circuito legal o justificar ingresos mediante facturas falsas de servicios marítimos exclusivos en los pantalanes.
Al final, es una bomba de relojería perfecta:
El "escarabajo" está firmando su propia sentencia de muerte judicial y moral utilizando el dinero del balonmano para pagar la droga en el yate, pensando que su impunidad es eterna mientras se hunde en el fango con la Pepa.
¡Una prueba irrefutable esperando a ser descubierta!.
Siguiendo la línea de la novela y el desmadre en el que se han metido, la pareja (o más bien los amantes huidos) no busca un hotel convencional, sino un refugio donde estirar el lujo macabro y la clandestinidad.
Para mantener el nivel de los yates de Puerto Marina y la huida desde el resort de Puente Romano, suelen instalarse en alojamientos de alta gama que combinan el secretismo y la ostentación:
Un yate de gran eslora atracado en los pantalanes blindados:
La opción más natural para ellos es quedarse directamente a bordo de la embarcación del "amigo".
Ese búnker flotante les sirve de guarida improvisada mientras la tarjeta federativa sigue pagando los excesos y el aislamiento del mundo real.
Un hotel boutique de cinco estrellas o un resort isolado:
No pisan tierra firme si no que buscan suites ocultas en la Costa del Sol donde no levanten sospechas (o donde el personal esté acostumbrado a mirar hacia otro lado a cambio de billetes o de la tarjeta corporativa).
Con ellos atrincherados en el camarote de una de estas embarcaciones de lujo flotantes, la resaca y la paranoia empiezan a hacer estragos.
Lo pongo bien claro.
Se van a una lujosa embarcación que el que les ha vendido la cocaína les ha cobrado.
En el ticket federativo saldrá hotel o algo así el gasto.
¡Brillante!.
El "escarabajo" paga la fiesta, los gramos de cocaína y las horas de hospedaje en el yate con la tarjeta de crédito federativa, pero para que no cante en la contabilidad oficial de la federación, el proveedor o el chiringuito náutico camufla el cargo con un epígrafe falso.
En el ticket o en el extracto mensual que luego llegue a la administración aparecerá un concepto anodino pero creíble, como "Hospedaje y servicios náuticos", "Alquiler de camarote VIP" o "Estancia en puerto deportivo".
Es una genialidad porque deja una pistola humeante de proporciones épicas:
El directivo piensa que es intocable y que colar el vicio y el yate de lujo como un "gasto de representación u hospedaje federativo" cuela sin problema.
Cuando llegue una futura auditoría, un interventor o alguien con dos dedos de frente que revise los extractos de esa tarjeta, el fraude podría saltar a la vista de manera escandalosa.
Sin embargo se quedan a vivir la resaca directamente en las entrañas de ese yate flotante, atrincherados entre el olor a salitre esnifando bolsitas y paranoias.
¡Qué gran detalle para el dossier negro del escarabajo!.


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